- Movilidad sostenible
La neutralidad tecnológica es fundamental para la transición energética. Esta estrategia emerge como una pieza clave para mejorar las distintas tecnologías, haciéndolas más eficientes ante futuros escenarios climáticos.
En este artículo te explicamos la importancia de colaboración entre fabricantes de automóviles, proveedores y gobiernos para lograr un mismo objetivo: la descarbonización del transporte a escala global.
¿Qué es la neutralidad tecnológica?
Como ya os avanzamos en esta artículo sobre neutralidad tecnológica en la industria, la neutralidad tecnológica es la libertad de elección de empresas y personas para desarrollar y elegir la tecnología que considera más apropiada y adecuada en función de sus necesidades. Es decir, ofrecer las mismas oportunidades, sea cual sea la energía propulsora, para alcanzar un objetivo común, que es reducir sistemáticamente las emisiones contaminantes procedentes del transporte.
¿Qué beneficios ofrece?
La transición energética no puede llevarse a cabo de la noche a la mañana, hay que tener en cuenta los factores y el tiempo que implican los costes de inversión, infraestructura, formación, etc. Así que, por un lado, la neutralidad tecnológica implica una mayor flexibilidad para adaptarse a las necesidades de un mercado en constante cambio.
Por otro, también ayuda a fomentar la competencia y la innovación de los distintos actores de la cadena de valor. No podemos perder de vista la importancia de mantener el equilibrio entre la protección del medio ambiente y la competitividad industrial. Y, por último, la neutralidad tecnológica también minimiza el riesgo de dependencia de una única tecnología. Porque, por ahora, todas ellas tienen sus pros y sus contras.
En este sentido, el papel de las empresas del sector automovilístico es clave: su inversión en I+D y la necesidad de comunicar de forma transparente los beneficios de las diferentes tecnologías y soluciones.
¿Qué dice la industria automovilística sobre neutralidad tecnológica?
La industria automovilística vive un proceso de profundo cambio y está llevando a cabo muchos esfuerzos para alcanzar las metas establecidas en Europa. Sin embargo, cuando hablamos de alternativas energéticas no hay un claro ganador. Cada tecnología se adapta a unas necesidades concretas.
Los motores diésel de última generación, por ejemplo, han evolucionado en la dirección correcta y cuentan con las tecnologías necesarias para disfrutar de consumos de combustible y emisiones de CO2 muy reducidas. El uso de AdBlue reduce las emisiones NOx en un 90% y, además, es más eficiente en la larga distancia, por lo que emite hasta un 20% menos que un gasolina. Esta tecnología, por el momento, sigue siendo una opción viable y competitiva ante otras posibilidades, como los vehículos electrificados. En este caso, sigue habiendo una falta importante de infraestructura de carga que se ajuste a la demanda del sector. Del mismo, modo, todavía no se puede garantizar la disponibilidad total de combustibles alternativos como el hidrógeno.
Una de las recomendaciones clave del sector es, por tanto, invertir en investigación y desarrollo para mejorar la eficiencia de los vehículos, lo cual no excluye los de combustión interna. El objetivo común es que los vehículos cumplan con las normativas cada vez más exigentes en materia de emisiones, contribuyendo así a una transición energética justa y equilibrada.
Los #FutureDriven de ACEA
La European Automobile Manufacturers Association (ACEA) ya presentó el manifesto «A competitive european auto industry, driving the mobility revolution». Un documento que aspira a convertirse en parte de una estrategia industrial europea para fomentar la innovación y la competitividad en el sector del transporte, con un mismo objetivo: la descarbonización a escala global. Desde la asociación ofrecen cinco recomendaciones políticas de alto nivel y una hoja de ruta colaborativa para convertirse en un apoyo presente y futuro para los nuevos líderes de la UE en el próximo lustro (2024-2029). Son las siguientes:
- Establecer una estrategia industrial para la UE: La estrategia debe abarcar todas las fases de la cadena de valor digital y ecológica: desde la I+D, la minería, el refinado, los componentes y la fabricación hasta las redes de recarga, la energía, los incentivos a la compra y el reciclaje a lo largo de todo el ciclo de vida.
- Replantearse el marco regulador: Desarrollar una estrategia cohesionada que implique seguridad de planificación a largo plazo y plazos suficientes; un ritmo de regulación más razonable; y alternativas viables en caso de «estrategias de salida» para tecnologías/sustancias específicas.
- Garantizar la competitividad mundial: Ésta debe establecerse con igualdad de condiciones para los vehículos europeos fabricados de forma sostenible, defendiendo unas normas comerciales justas y libres y asegurando el acceso a los suministros esenciales.
- Hacer de la neutralidad tecnológica un principio rector: Garantizar que la apertura tecnológica fomente las innovaciones y guíe todas las propuestas normativas de la UE.
- Preservar la movilidad de personas y mercancías: La movilidad debe ser asequible y accesible para todos los ciudadanos y empresas europeos.
En conclusión: la neutralidad tecnológica es necesaria para avanzar
En definitiva, la neutralidad tecnológica es un pilar fundamental de la transición energética. Por un lado, porque al no imponer restricciones, se abre la posibilidad de creación de distintas soluciones innovadoras que ayuden a abordar el mismo desafío.
Por el otro, porque la competencia entre distintas tecnologías permite identificar y promover aquellas que ofrecen los mejores resultados en términos de reducción de emisiones y eficiencia energética. De este modo, se facilita la facilita el avance y la adaptación a futuros escenarios climáticos.